Incendios en Perú y la huella del fuego en la Amazonía

Hace ya demasiado tiempo que la selva amazónica se quema. Cuando termina el ciclo anual de lluvias, el uso del fuego para preparar terrenos, unido a la sequedad y las altas temperaturas, puede convertir una quema en un incendio imposible de contener con los medios disponibles. El bosque que ayuda a regular el clima y sostiene una extraordinaria diversidad de vida se convierte entonces en humo y cenizas.

Quienes conocemos estos territorios sabemos lo que significa ver el cielo cubierto de gris y sentir cómo el humo lo invade todo. Hay que vivirlo para tomar verdadera conciencia de ello. A mí se me parte el corazón.

Este octubre, los incendios han vuelto a extenderse por distintas regiones del Perú. En la selva central han golpeado especialmente el entorno de Cutivireni, en el distrito de Río Tambo, provincia de Satipo, incluidos Tsyapo y otros núcleos de población. Es una realidad que nos toca de cerca, en el territorio donde nuestra Fundación desarrolla su labor. Tras 19 días de lucha contra el fuego, las lluvias contribuyeron a extinguir el incendio, pero sus consecuencias permanecerán mucho más tiempo.

Lo que se pierde entre las llamas

Se queman bosques, viviendas y cultivos. Hay familias que pierden lo poco que tienen y también aquello que les permite alimentarse y ganarse la vida. Las organizaciones indígenas han alertado de la pérdida de hogares y medios de subsistencia en las comunidades afectadas, así como de la necesidad de agua potable, alimentos, alojamiento y atención sanitaria.

Recuerdo que una vez alguien me pidió unas botas que ya estaban rotas, pues para él tenían un valor que nosotros no les daríamos nunca. ¿Os dais cuenta de lo que significa algo así? Cuando una familia vive con tan pocos recursos, perder su casa, sus herramientas o su cosecha puede dejarla sin nada a lo que aferrarse para empezar de nuevo.

El desastre ecológico tampoco termina cuando desaparecen las llamas. Muchos animales mueren o pierden su refugio y su alimento. El suelo queda más expuesto a la erosión y pierde capacidad para retener agua; las cenizas y los sedimentos pueden afectar a riachuelos y manantiales. Recuperar estos ecosistemas requiere mucho más tiempo que destruirlos.

Y hay una pérdida de la que se habla menos: la cultural. Para los pueblos originarios, la selva es el lugar donde se transmite el conocimiento de las plantas, de los ciclos de la naturaleza, de los alimentos y de los cuidados. Es donde los mayores enseñan a los pequeños y donde la memoria de la comunidad sigue viva. Cuando el territorio se destruye y las familias se ven obligadas a desplazarse, esa continuidad también queda amenazada.

Una responsabilidad que necesita respuestas

Durante días, vecinos, brigadistas comunitarios y bomberos han trabajado para proteger las viviendas y frenar el avance del fuego. Su esfuerzo merece todo nuestro reconocimiento. Pero la voluntad y el conocimiento del territorio necesitan equipos, formación, transporte y apoyo suficiente. La propia Defensoría del Pueblo pidió reforzar la respuesta y la coordinación entre las administraciones ante los incendios de Tsyapo y Tiboreni.

La ayuda que llega es necesaria, pero también lo es prepararse antes de que ocurra la siguiente emergencia. Las comunidades necesitan protección continuada, alternativas a las prácticas de riesgo y recursos para recuperar sus medios de vida. Su seguridad y su futuro deben ocupar un lugar estable en las prioridades públicas.

Aquí, en Europa, tampoco deberíamos sentir esta realidad como algo ajeno. Nuestra demanda de materias primas y nuestra forma de consumir nos obligan a preguntarnos de dónde viene lo que compramos y en qué condiciones se produce. Exigir un origen responsable y apoyar actividades que permitan vivir del bosque sin destruirlo también forma parte del cambio que necesitamos.

La selva se quema mientras nosotros seguimos con nuestra vida cotidiana, conociendo apenas una parte del drama humano y medioambiental que hay detrás de los titulares. Deberíamos estar más involucrados en contribuir a cambiar esta realidad.

Seguir al lado de las comunidades

En la Fundación Iquánima trabajamos para favorecer el acceso a la educación y la salud, mejorar la nutrición y acompañar el desarrollo de las comunidades de la Amazonía peruana. También para contribuir a preservar sus culturas y sus conocimientos, desde el respeto y la colaboración con quienes viven allí.

Los incendios agravan las dificultades que estas familias ya afrontan y hacen todavía más necesario sostener ese trabajo. Cuando una comunidad pierde sus recursos, también se vuelve más difícil cuidar la salud, mantener una alimentación adecuada o dar continuidad a la educación de sus hijos.

A las entidades que damos nuestro tiempo y esfuerzo para realizar proyectos de cooperación al desarrollo nos falta gente. Gente de a pie que quiera implicarse, aportar sus conocimientos y ayudarnos a llegar más lejos. Necesitamos apoyo para dar continuidad a los proyectos y mantener el compromiso cuando las noticias dejan de hablar de la emergencia.

Europa ha de estar con la Amazonía, también para escuchar y aprender. En la medida en que sus culturas se debilitan, perdemos conocimientos y formas de relacionarnos con la naturaleza que tenemos mucho que comprender y valorar.

Cada día necesitamos más de vuestro apoyo. Con tu donativo nos ayudas a dar continuidad a los proyectos de Iquánima junto a las comunidades de la Amazonía peruana.

Colabora con la Fundación Iquánima y ayúdanos a seguir a su lado.

Raúl Arqueros
Presidente de la Fundación Iquánima

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